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Una sorpresa más del 2020: NASA revela el hallazgo de agua en la Luna

De acuerdo con dos estudios publicados hoy por el medio Nature Astronomy, confirman que la NASA ha descubierto que hay agua en la Luna y que la “detección inequívoca” de agua en la Luna y que además hay unos 40.000 metros cuadrados de su superficie, de los que un 40 % están en el sur, tiene la capacidad de retener agua en las llamadas trampas frías.

Los primeros indicios se detectaron hace dos años, cuando se detectó signos de hidratación en la superficie lunar, particularmente alrededor del polo Sur, pero no se podría diferenciar no podía diferenciar si se trataba de agua molecular(H2O) o de hidroxiles (radicales llamados OH). Los datos de esta ubicación revelan agua en concentraciones de 100 a 412 partes por millón, aproximadamente equivalente a una botella de agua de un tercio de litro, atrapada en un metro cúbico de suelo esparcido por la superficie lunar.

Esta vez, los datos fueron tomados del cráter Clavius, cerca del polo Sur, que fue observado por SOFIA en una longitud de onda de seis micras, a la que el agua molecular produce una firma espectral única. Las observaciones previas, a una longitud de tres micras, señalaban indicios de agua, que “todavía dejaban abierta una explicación alternativa”, pero los nuevos datos “no tienen otra explicación que la presencia de agua molecular”, dice a Efe Ignasi Ribas, astrofísico del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC) y del Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC.

En términos reales, esa cantidad de agua es muy poca. A modo de comparación, el desierto del Sahara tiene 100 veces la cantidad de agua detectada. No obstante, el descubrimiento plantea nuevas preguntas sobre cómo se crea el agua y cómo persiste en la dura superficie lunar sin aire.

Queda por determinar si el agua que SOFIA encontró es fácilmente accesible para su uso como recurso, lo que será objetivo principal del Programa Artemisa de regreso a la Luna de la NASA. Los resultados de SOFIA se basan en años de investigaciones previas que examinan la presencia de agua en la Luna.

En paralelo, la revista Nature Atronomy ha anunciado también otro gran hallazgo relacionado con el mismo objetivo, al agua lunar. Paul Hayne y sus colegas de la Universidad de Colorado han examinado la distribución de las áreas de penumbra permanente en la Luna (las llamadas trampas frías) donde se cree que el agua podría quedar capturada y permanecer casi intacta de manera permanente. Los expertos han podido identificar un amplio abanico de posibles trampas de este tipo que pueden llegar a tener menos de un centímetro de diámetro. Esas pequeñas cápsulas llenas de agua podrían ser mucho más abundantes en la Luna de lo que hasta ahora se pensaba.

Si pudiésemos estar sentados en el polo Sur de la Luna veríamos millones de pequeñas sombras a nuestro alrededor. Son minúsculas cavidades a las que nunca llegan los rayos del Sol. En su interior es muy probable que exista agua congelada.

Esas grietas están dispuestas de tal modo que durante miles de millones de años no han recibido el calor de la luz solar. Utilizando imágenes obtenidas mediante el Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA, se ha dibujaro el mapa más detallado de estas microsombras. En total podría haber cerca de 40.000 kilómetros cuadrados de suelo en penumbra candidatas a albergar agua helada. “Si estamos en lo cierto, el agua puede ser un bien más accesible de lo que creíamos allí arriba”, ha declarado el propio Hayne.

Pero ¿cómo es posible que un elemento tan volátil como el agua permanezca durante millones de años encerrado en un lugar tan inhóspito como la Luna?

En algunos accidentes geográficos de nuestro satélite las circunstancias son realmente extremas. Es el caso del Cráter Shakleton, de casi 30 kilómetros de diámetro y varios kilómetros de profundidad. Allí, debido a la posición relativa de la Luna respecto al Sol nunca llega luz directa de manera que las temperaturas rondan los 180 grados bajo cero.

Por inhóspitas que parezcan estas condiciones, ahora se han convertido en potenciales aliadas de la vida humana. La ciencia siempre ha imaginado que estas trampas heladas podrían contener suficiente agua como para ser empleada por futuras misiones tripuladas. No necesariamente para el consumo. Pero si somos capaces de explotar las cantidades de hielo rocoso existentes y convertir el agua en sus componentes (hidrógeno y oxígeno) tendríamos una fuente de energía y de soporte vital de primera calidad para los astronautas del futuro.

El agua lunar, como ocurrió con la de la Tierra, seguramente llegó a su destino encerrada en los minerales de millones de asteroides o meteoros que impactaron en el suelo. Ahora, podría suponer un inesperado aldabonazo para las futuras misiones tripuladas a la Luna.

La NASA tiene pensado volver a enviar seres humanos a nuestro satélite pronto. El programa Artemis de la agencia cuenta con enviar a una mujer por primera vez a la Luna en 2024. De momento, podría enviarse la primera fase del proyecto, la nave no tripulada Artemis I en noviembre de 2021. Un año después se pretende lanzar una nave tripulada que orbite el satélite y sobrevuele su polo Sur pero no aterrice. En 2024 la humanidad volverá a poner allí el pie por primera vez desde 1972.

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