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José Saramago profetizó la crisis mundial por una pandemia como el coronavirus

Hace 25 años, en su novela, Ensayo sobre la ceguera, José Saramago no solo escribió una aterradora visión sobre una pandemia, además postuló volver a la solidaridad humana para reconstruir una sociedad en crisis.

En su memorable “Cuadernos de Lanzarote”, el escritor portugués cuenta cómo entonces todo le pareció claro, más allá de algunos problemas técnicos, especialmente cómo mantener personajes a través del dilatadísimo tiempo narrativo que exigía la novela. Después de semanas pensándolo, el 21 de junio, Saramago anota: “Dificultad resuelta. No es necesario que los personajes tengan que ir naciendo ciegos hasta sustituir por completo a los que tienen vista: pueden cegar en cualquier momento”. Con ello, el escritor no solo resolvió su problema con el tiempo narrativo, sino que imaginó una de las epidemias más angustiantes de las que se haya escrito: la llamada “peste blanca”, un mal capaz de empujar a toda la sociedad a avanzar ciega por un camino abarrotado de inmundicia, como en el célebre cuadro de Pieter Brueghel “La parábola de los ciegos”. El 2 de agosto, como apunta en su cuaderno, Saramago encuentra las primeras líneas de la novela, aquél maravilloso inicio sobre un cruce de avenidas, cuando esperando el verde del semáforo, un hombre que regresa a casa tras un día de trabajo se queda ciego.

Si bien las pandemias sin cura han ensombrecido la historia de la humanidad, también han estimulado la creación de obras literarias notables.

Hay una dimensión alegórica que nos habla sobre la fragilidad de las relaciones humanas, siempre moviéndose entre la maldad y la bondad, representada esta última por la mujer del médico, personaje emblemático del libro”.

LA PANDEMIA

Saramago elige que sus personajes pierdan la vista, o mejor dicho, pierdan la capacidad de mirar al otro, la capacidad de encontrarse en el otro. “Esa ceguera no es solo física, sino también emocional. Las personas se deshumanizan a tal punto que se convierten, sin distinción, en completos animales. El instinto de sobrevivencia los coloca en los lugares más atroces”.

Saramago apuntó en su diario una decisión creativa fundamental para su novela: eliminar cualquier nombre propio en la historia: “Prefiero que el libro sea poblado por sombras de sombras, que el lector no sepa nunca de quien se trata, para que entre, de facto, en el mundo de los demás, esos a quienes no conocemos, todos nosotros”. “Que los personajes no tengan nombre es un recurso muy interesante, porque te hace dar cuenta de que ya no son seres humanos. Se han convertido en una especie de manada que busca salir adelante a costa del otro”.

PUNTO FINAL

La novela ilustra a la perfección el efecto que tiene en la gente la idea de una enfermedad que se propaga sin límite ni solución. “Como muchas alegorías de trasfondo trágico, el relato pone en escena diversos tópicos, que van desde mecanismos de control y sujeción, la preponderancia del miedo, la desinformación y las pugnas de poder. Cualquier parecido con nuestra actualidad no es coincidencia, es un terrible patrón”.

Las alegorías planteadas en “Ensayo sobre la ceguera” resuenan hoy más que nunca, cuando el mundo se enfrenta su ceguera colectiva, sus propias fallas. En su novela, Saramago exacerba los aspectos negativos que la humanidad, la crueldad, la deshumanización y la incomprensión, para luego mostrar que la solidaridad es la única cura a las plagas.

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